|
Un
pueblo más sano: la salud en la nueva Nicaragua
Las
conquistas que en el campo de la salud se han conseguido en Nicaragua
en estos cuatro años de proceso revolucionario no tienen
paralelo en la historia del país. Hay un abismo de diferencia
entre la situación sanitaria que encontró la Junta
de Gobierno de Reconstrucción Nacional en 1979 y la que existe
hoy.
Equipo
Envío
http://www.envio.org.ni/articulo/77
Tan
sólo unas semanas después de asumir el poder, el gobierno
sandinista promulga la ley por la que se unifica todo el sistema
de salud. Se inicia entonces un amplio programa sanitario a nivel
nacional, que pone el acento en el área de salud pública
y en el de la medicina preventiva, a la vez que hace los máximos
esfuerzos porque una asistencia médica adecuada llegue a
todos los nicaragüenses. Actualmente, el Ministerio de Salud
afronta problemas estructurales, educativos, económicos y
de organización son retos que un pueblo que comienza a ser
más sano plantea al proceso revolucionario.
Durante
el somocismo la salud era un privilegio
Antes de 1979 apenas se ponía atención en reunir estadísticas
sanitarias precisas. Las tasas de natalidad, mortalidad y morbilidad
que se manejaban oficialmente reflejan fallas serias en el registro
de nacimientos, la casi total falta de certificados médicos
de de función y una desgana general del gobierno somocista
en la publicación de cualquier estadística sobre la
vida y la muerte en el país que diera mala imagen de su régimen.
A pesar de todo, las estimaciones que se conseguían sobre
los índices de salud en este tiempo describen con suficiente
expresividad una situación sanitaria dramática.
El
índice de mortalidad infantil -uno de los indicadores más
certeros para conocer las condiciones sanitarias de un país-
se calculaba en un 120 por 1.000 nacidos vivos en la ciudad y en
un 300 por 1.000 nacidos vivos en las áreas rurales. (Las
cifras oficiales de las que se dispone son siempre inferiores: 45
por 1.000 en 1971 y 46 por 1.000 en 1973).
Siete
de cada diez niños estaban desnutridos. La mortalidad infantil
de niños entre uno y dos años (edad del destete) se
calculaba en un 149 x 1.000. Este indicador es importante, pues
en él se mide la capacidad de un país para proporcionar
adecuada nutrición a su población. La esperanza de
vida para los hombres era de 54 años y para las mujeres de
52. Entre las clases pudientes los índices aumentaban: la
esperanza de vida era de 70 años. Entre las clases más
pobres, oscilaba realmente entre los 40-45 años.
El
35% de la población urbana y el 95% de la rural no tenía
acceso al agua potable. Las principales causas de muerte, especialmente
entre los niños, eran enfermedades prevenibles y no mortales
dentro de un sistema sanitario adecuado: deshidratación,
sarampión y tétano. La malaria, la tuberculosis y
el parasitismo eran enfermedades endémicas entre los nicaragüense.
Un tercio de la población contraía malaria al menos
una vez en su vida. En 1979, a dos de cada cinco personas que acudían
a recibir atención médica por cualquier causa se les
descubría que estaban afectados por la malaria. Los índices
de mortalidad por malaria eran altos. Las cifras oficiales publicadas
en 1976 -probablemente atenuados- calculaban que la malaria era
causa de muerte en 1.175 de cada 100.000 habitantes.
El
sistema sanitario que existía en el país antes de
1979 era totalmente inadecuado para responder a las necesidades
del pueblo nicaragüense. En 1977 -económicamente el
"mejor" año de Somoza en los últimos tiempos,
cuando aún no se había generalizado la violencia-
sólo el 5.1% del presupuesto general del Estado fue dedicado
al sector salud. De esa cantidad, el 37% iba al Instituto Nacional
de Seguridad Social, que era responsable de atender la salud de
los sectores populares, pero que, en realidad solo prestaba servicios
al 8% de la población. El resto del presupuesto se dividía
ente el Ministerio de Salud Pública (25%) y entre otros organismos
locales que no tenían servicios coordinados. En este tiempo,
algunas organizaciones religiosas atendían hospitales de
prestigio profesional, pero sus servicios estaban únicamente
al alcance de los que podían pagar. La Guardia Nacional tenía
su propio sistema de hospitales y clínicas, algunas especializadas.
Se calcula que en tiempos del somocismo el 90% de los servicios
médicos alcanzaban únicamente al 10% de la población
nacional. Más de la mitad de los médicos y de las
camas de hospitales estaban en Managua. El plan sanitario proyectado
para 1976-1980 cubría sólo al 20% de las mujeres embarazadas
y a menos del 20% de los niños menores de 5 años.
En 1974 el promedio de consultas fue de 0.02 consulta por persona
al año.
La
infraestructura sanitaria heredada por el gobierno sandinista era
extremadamente débil. El terremoto de 1972 agudizó
la escasez de camas hospitalarias en Managua, pues muchas fueron
destruidas. Aún no se habían reemplazado estas camas
cuando la situación insurreccional motivó la destrucción
de más hospitales y clínicas en todo el país.
El hospital regional de Rivas fue completamente destruido durante
la guerra de liberación. Mayor daño sufrieron aún
los hospitales regionales de Estelí, Matagalpa y León.
Otros cinco hospitales y 19 centros de salud resultaron también
dañados. Cuatro hospitales vieron destruidos sus equipos
en un 100%. Para agravar más la situación, la parálisis
económica del país en los últimos meses de
la guerra afectó a las reservas de medicinas, reactivos de
laboratorio y otros materiales necesarios para la atención
sanitaria. Los laboratorios farmacéuticos suspendieron su
producción y la falta de divisas afectó la importación
de medicamentos de todo tipo. De los 1.300 médicos titulados,
unos 300 abandonaron el país después del triunfo revolucionario.
El 19 de julio de 1979 Nicaragua tenía un sistema sanitario
desarticulado, destruido y desprovisto de la más elemental
infraestructura para subsistir.
Los "tiernos" viven más
y se enferman menos.
El 8 de agosto de 1979 la Junta de Gobierno de Reconstrucción
Nacional promulgó una ley por la que se constituía
el Sistema Unico de Salud en el que se integraban todas las instituciones
médicas del país bajo la dirección del Ministerio
de Salud. Al establecer este sistema, el gobierno se comprometía
proporcionar atención médica gratuita a toda la población,
a la instalación de hospitales y clínicas en todas
las regiones del país y a la implementación de campañas
masivas para la erradicación de las enfermedades endémicas
y la prevención de las epidémicas. Se reconocía
que la salud era un derecho de todos los nicaragüenses y una
responsabilidad del nuevo Estado Revolucionario y del pueblo organizado.
El país fue dividido en nueve regiones para descentralizar
los servicios y facilitar la administración sanitaria. Se
estableció el sistema adecuado para que los pacientes de
zonas rurales que necesitaban mejor tratamiento fueran trasladados
a los hospitales urbanos mejor equipados.
Entre
los distintos programas que se iniciaron entonces estuvo el facilitar
el acceso al agua potable en zonas campesinas y urbanas y el entrenamiento
de personal para responsabilizarlos en los distintos niveles de
atención sanitaria. Uno de los proyectos que han tenido más
éxito ha sido el de las Jornadas Populares de Salud, en las
que las brigadas de voluntarios debidamente entrenados se comprometen
en distintas tareas sanitarias. Las primeras Jornadas se dedicaron
a la limpieza de canales de "aguas negras" y a la eliminación
de aguas estancadas.
Desde
el comienzo de la revolución, el Ministerio de Salud señaló
dos prioridades en su quehacer: la salud de las madres y de los
niños y la salud de los trabajadores. Los progresos en estas
dos áreas han sido realmente notables. En 1980, la tasa de
mortalidad en el primer año de vida infantil se calculaba
en un 101.7 por 1.000 nacidos vivos. En 1982, esta cifra se había
reducido a 70-80 por 1.000. La razón de este notable descenso
en la muerte de los "tiernos" fue la creación,
construcción y mantenimiento de las URO (Unidades de Rehidratación
Oral), locales accesibles destinados a combatir la deshidratación
que provocan en los niños las diarreas prolongadas. Gracias
a estos centros de rehidratación, la mortalidad provocada
secundariamente por diarreas en los hospitales descendió
en un 75% sobrepasando ya en el primer año la meta que se
había fijado el ministerio, que era alcanzar un descenso
del 50%.
Una
segunda razón para el significativo descenso de la mortalidad
infantil fue el éxito obtenido en las campañas de
vacunación. La primera vacunación masiva de niños
se realizó en septiembre de 1979 y estaba dirigida a prevenir
la poliomelitis. Después de esta campaña se han realizado
periódicamente otras muchas: contra la polio, el sarampión,
la difteria, el tétano y la tosferina. Escuelas, fábricas,
barrios populares y barrios residenciales han sido el marco donde
estas campañas se han realizado, siempre con personal voluntario
y en días convenientemente señalados y propagandizados
a nivel masivo. Los resultados de estas movilizaciones populares
en favor de la salud infantil han sido impresionantes. En 1982 no
hubo ni un sólo caso confirmado de polio, aunque 10 casos
estuvieron bajo investigación. En 1980 se reportaron 3784
casos de sarampión. En 1982 sólo eran 266.
Aún
se han hecho mayores esfuerzos para combatir la desnutrición
y malnutrición de los niños. Una encuesta indicó
que el 60% de los niños nicaragüenses de menos de cuatro
años padecía algún grado de desnutrición.
La causa principal era el insuficiente consumo de proteínas
y calorías. Para combatir la malnutrición, a nivel
nacional y de forma global, el gobierno ha dedicado esfuerzos significativos
para incrementar los niveles de producción de alimentos básicos
y para lograr mayor eficacia en la distribución de estos
alimentos combatiendo a acaparadores y especuladores. Los tres granos
básicos de la dieta nicaragüense (maíz, arroz
y frijoles) están subsidiados por el gobierno para asegurar
que estén siempre al alcance del presupuesto familiar de
todos los hogares.
Los
niveles endémicos de bocio debidos a las deficiencias de
yodo, han sido reducidos: antes de 1979 afectaban al 33% de la población
y en 1982 tan sólo al 20%. El descenso en la enfermedad se
ha logrado con el estricto control que el Ministerio de Salud lleva
a cabao supervisando la yodización en las plantas de procesamiento
de sal.
Además
de estos programas a nivel nacional, se han desarrollado también
programas locales que intentan racionalizar la alimentación
del pueblo, educándolo en este tema, especialmente en áreas
en que era tradicional la desnutrición. Estos proyectos nutricionales
se dirigen especialmente a las mujeres embarazadas, las recién
paridas y los niños menores de cinco años.
Para
combatir la diarrea infantil debida al mal uso de las leches artificiales
y en polvo se ha desarrollado también una campaña
educativa para divulgar las ventajas que tiene el amamantar a los
niños y se prohibió también la propaganda de
estos productos. El Ministerio de Educación y el de Salud
trabajan en conjunto en esta tarea. El primer banco de leche materna
se creó a fines de 1982 en el hospital materno-infantil de
Managua. Para dar una mejor atención a los niños menores
de cinco años que tienen madres que trabajan, se han construido
a lo largo del país 20 Centros de Desarrollo Infantil (CDI)
y muchos más están en proyectos. En estos centros
colaboran sicólogos y trabajadores sociales. El objetivo
básico de los Centros es dar a los niños un hogar
en el que se eviten los riesgos que tiene la costumbre -impuesta
por la necesidad y la pobreza- de dejarlos solo en las casas durante
todo el día.
También
se ha procurado dar una mejor atención a las mujeres embarazadas
y a las madres que amamanten a sus hijos a través de un amplio
programa de salud para la mujer que incluye, en algunas áreas
urbanas, la visita de una enfermera manzana por manzana. En las
zonas campesinas estas mujeres son visitadas regularmente por una
enfermera. Un programa para mejorar las aptitudes de las mujeres
que han desempeñado tradicionalmente la tarea de comadronas
comenzará a mediados de 1983. Los métodos de planificación
familiar están a disposición de las mujeres que los
quieran emplear en los centros de salud locales.
Cuidar la salud de los trabajadores: una
prioridad
El Gobierno de Reconstrucción Nacional ha puesto un énfasis
especial en la salud de los trabajadores. En contraste con lo que
sucede en muchos países en vía de desarrollo, en los
que la salud y la seguridad de los trabajadores es secundaria ante
la avalancha de la industrialización, el gobierno revolucionario
atiende especialmente la salud de los obreros y busca minimizar
por todos los medios los riesgos de accidentes laborales.
Con
este fin, representantes de los Ministerios del Trabajo, de Salud
y de Industria y de otros organismos, como el Instituto de reforma
Agraria, la Asociación de Trabajadores del Campo (ATC) y
la Confederación Sandinista de Trabajadores (CST) crearon
una Comisión Nacional de Salud Integral del Trabajador. Durante
el año en el que esta Comisión ha funcionado, se ha
iniciado un estudio sobre el uso correcto de los pesticidas y sobre
el control que debe ejercerse en la importación de pesticidas
tóxicos. También la Comisión ha trabajado en
informes sobre los niveles tolerables para la salud humana de algunos
agentes físicos -calor, vibraciones, ruidos y químicos
-emanaciones de plomo y mercurio- , que forman parte de la infraestructura
industrial.
Junto
al trabajo que realiza esta Comisión Nacional, el Ministerio
de Salud en su Departamento de Salud Ocupacional, ha desarrollado
programas específicos para disminuir los riesgos de accidentes
laborales y desarrollar infraestructuras seguras, tanto en las industrias
como en el campo. A pesar de los limitados fondos de que se dispone,
de la escasez de personal y de la falta de preparación que
hay en este campo, el Departamento ha ido desarrollando todo un
programa según una lista de prioridades. Entre éstas
están: el control de la intoxicación por plomo, por
derivados de la benzina por pesticidas tóxicos, etc. de las
enfermedades pulmonares de los mineros y el de los riesgos propios
de los trabajadores del campo. El Departamento intenta igualmente
educar a los trabajadores para que eviten accidentes laborales y
para que entrenen en cada centro laboral su propio equipo de educadores
e inspectores de salud ocupacional. Hasta ahora el Departamento
ha elaborado dos estudios: uno sobre la intoxicación producida
en la sangre por emanaciones de plomo característica entre
los trabajadores de la industria de baterías y otro sobre
las enfermedades pulmonares entre los mineros de la Costa Atlántica.
Hasta
ahora -y por limitaciones económicas y técnicas- sólo
se han hecho estudios biológicos de este tipo, sin sus complementarias
investigaciones ambientales. El transformar las condiciones ambientales
de algunas fábricas -especialmente de las más antiguas-
requeriría inversiones masivas que actualmente no son posibles.
Hasta que no sea posible emprender estas transformaciones, el Departamento
de Salud Ocupacional concentra sus esfuerzos en reducir las condiciones
que causan los accidentes laborales y en divulgar recomendaciones
prácticas para evitarlos.
La guerra contra la malaria y la tuberculosis
Grandes éxitos en el campo de la salud los ha obtenido la
revolución en el área de las enfermedades infecciosas
de tipo endémico. En noviembre de 1981, 80.000 voluntarios
entrenados aceleradamente para esto tomaron parte en una masiva
campaña contra la malaria. Su tarea fue la distribución
de dosis de vacuna antimalárica en un tratamiento de 3 días
que abarcó al 75% de la población nacional. Poco después
de terminada esta campaña, estadísticas mensuales
revelaron un descenso de un 98% en los casos de malaria. Esta campaña
incluía la concientización de las comunidades para
que dieran continuidad al programa de erradicación de la
enfermedad combatiendo la larva de los mosquitos. En julio de 1982
otra campaña masiva fue dirigida a regar larvicida contra
el mosquito de la malaria en los depósitos de agua de las
casas -barriles, contenedores, lavanderos, etc.- También
se desarrollaron esfuerzos comunitarios para drenar charcos y pantanos
cenagosos y para limpiar todo tipo de zanjas, con el fin de atajar
el desarrollo del mosquito. Las avionetas que regularmente recorrieron
áreas de malaria endémica, regando larvicida, contribuyeron
también al éxito de la campaña contra la enfermedad.
Pero la guerra contra la malaria no sólo es difícil
sino prolongada. Las inundaciones de mayo de 1982 causaron un incremento
de malaria en el mes de agosto. En ese año, hubo aún
15.300 casos de malaria en todo el país.
Para
combatir la tuberculosis -que es endémica especialmente en
las zonas mineras y en la Costa Atlántica- los esfuerzos
sanitarios van orientados, tanto a desarrollar campañas preventivas
como a detectar correctamente la presencia de la enfermedad y proporcionar
tratamiento adecuado para combatirlo. La vacuna BCG se administra
ordinariamente al 709% de los niños que nacen atendidos por
personal médico. El resto de los niños recibe esta
vacuna en los centros de salud locales. Aunque antes cada médico
siguió su propio estilo de tratamiento de la enfermedad,
ahora se ha impuesto a nivel nacional una fórmula única,
tanto para la detención como para el tratamiento de la tuberculosis.
A cualquier paciente que presente síntomas de trastornos
respiratorios por más de tres semanas se le envía
a examen de rayos-x y se le hacen análisis de sus secreciones
pulmonares.
Sólo
por este método se detectaron desde el triunfo de la revolución
3.000 nuevos casos de enfermedades pulmonares en la Costa Atlántica
y en las zonas mineras. El tratamiento para combatir la enfermedad
se prolonga ahora por un año e incluye dos visitas por semana
al centro de salud. Aunque hay 23.000 personas que están
recibiendo este tratamiento, la tasa de los enfermos que no lo completan
es todavía muy alta: el 40% en 1980. Para hacer frente a
esta situación, se intenta hacer cada vez más accesibles
a todos los programas de terapia TB para tuberculosos.
Nuevos médicos y enfermeras para el futuro.
Desarrollar la actual infraestructura de salud es uno de los más
urgentes desafíos que tiene el gobierno nicaragüense.
Mediante la formación de nuevos profesionales sanitarios
y la construcción de hospitales y clínicas en todo
el país se espera que los servicios de salud lleguen a las
áreas más olvidadas en el pasado. En tres años
y medio de revolución, 1.400 estudiantes de medicina han
terminado sus estudios en 8 diferentes especialidades médicas.
En 1981 se abrió en Managua una segunda escuela médica
para aumentar la capacidad de la de León. El número
de estudiantes de medicina se incrementó de 100 a 500 y el
de estudiantes de enfermería se multiplicó por cinco
en los últimos tres años. En 1982 comenzó a
funcionar la carrera que titulará a personas en Salud Pública
y en Epidemiología. En conexión con las distintas
especialidades de la carrera de medicina se han establecido otras
áreas de especialización: asistentes de dentista,
técnicos en rayos-x, dietéticos y bioestadísticos.
Su capacitación se ha visto facilitada con la creación
en 1980 del Instituto Politécnico de Salud. Se calcula que
existen aproximadamente 1.000 técnicos, ayudantes y enfermeras
entrenándose en estos cursos.
Antes
de la revolución, la formación de médicos en
las distintas especialidades estaba caracterizada por un estilo
que no pasaba del aprendizaje informal. La formación médica
de post-graduados debía recibirse fuera del país si
se querían obtener buenos resultados. El costo para el país
era no sólo evaluable en millones de dólares. Era
una sangría de profesionales: muy a menudo estos médicos
se quedaban a trabajar allí donde habían estudiado
y nunca más volvían al país.
Desde
julio de 1979, quince especialidades médicas se han establecido
en Nicaragua, comenzando por algunas de atención primaria
como son la pediatría, la obstetricia y ginecología
y la medicina interna, pero incluyendo también otras más
especializadas como oftalmología, anestesiología y
cirugía maxilo-facial. El estudio de estas especialidades
en el país ahorra al gobierno unos 10 millones de dólares
anualmente. A la par, existen oportunidades para que los profesionales
de la salud perfeccionen sus conocimientos en el extranjero y para
que los estudiantes especialicen su formación a través
de becas en países vecinos como Belice y Cuba.
Lo más decisivo: la participación del pueblo organizado
La construcción de clínicas y hospitales es uno de
los principales proyectos del gobierno revolucionario en el área
de la salud. Después de poner en marcha el Sistema Unico
de Salud, se determinó el número de centros de salud
en el país: eran sólo 188. Actualmente hay 420 y en
1983 está programada la construcción de 37 más.
En cuanto a hospitales, hay cinco que estarán terminados
en 1983 y que elevarán el número de hospitales de
26 a 31 a lo largo y ancho de toda la geografía nacional.
El gobierno ha invertido 10 millones de dólares en la construcción
de centros de salud y hospitales y ha recibido gran cantidad de
ayuda extranjera para estos proyectos. Sin embargo, lo más
clave en este notable desarrollo de la infraestructura sanitaria
ha sido la participación del pueblo organizado. En muchas
zonas, las clínicas han sido construidas con el trabajo voluntario
del pueblo.
Volver
|