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El
problema de la propiedad y el de los propietarios
De nuevo, el tema de la propiedad está en
el centro del huracán nacional. He aquí algunos trazos
generales, extraídos de la historia, conocidos, pero útiles
de recordar, para ubicar mejor dónde esta hoy y dónde
puede estar mañana el nudo más grueso del problema
de la propiedad.
Ernesto
Castillo Martínez
http://www.envio.org.ni/articulo/324
Hablar
del problema de la propiedad en Nicaragua, y del problema de los
propietarios, nos remite obligatoriamente al pasado más inmediato.
Desde él entenderemos mejor la situación actual, las
crisis más recientes, los últimos acuerdos.
Todo
empieza a cambiar
En el período del poder somocista la propiedad tradicional
cambió en cuanto a sus titulares. Los propietarios particulares
modernizaron sus formas de tenencia, creándose sociedades
propietarias que fortalecieron la agrupación de capitales
familiares y la unión de intereses comunes para el desarrollo
de empresas agroindustriales que pudieran generar beneficios: grandes
plantaciones de algodón y de café, desmotadoras, beneficios
de café, centros de financiamiento para pequeños productores,
sociedades comercializadoras para el mercado local y para la exportación.
En el Pacífico, en especial en Occidente, trabajadores dueños
de tierras los de la comunidad indígena de Subtiaba, con
títulos originados en el mismo Rey de España; los
que tenían posesión de tierras como colonos que las
habían trabajado durante generaciones, e incluso pequeños
propietarios con títulos inscritos fueron desplazados para
dar lugar a las grandes plantaciones de algodón y tuvieron
que emigrar a zonas como Nueva Guinea, con la promesa de una Reforma
Agraria y sin más instrumentos que su voluntad de trabajar
la tierra y hacerse un lugar aunque fuera en la montaña.
Estos
desplazamientos se produjeron después de la larga y sufrida
resistencia de los trabajadores de la tierra del sector occidental,
reprimidos militarmente por la Guardia Nacional somocista con la
complicidad de los pioneros del cultivo del algodón.
La
industria también agrupó a los propietarios: plantas
procesadoras de leche y de carne, madereras, harineras, textileras.
De los requerimientos de capital de inversión tradicional
a través de préstamos de particulares y de los dineros
excedentes de la producción en grandes haciendas o en rentas
de propiedades urbanas, se pasa a la creación de bancos y
financieras que agilizan la inversión monetaria de los grandes
propietarios.
La
propiedad urbana, concentrada en manos de grandes dueños
de inmuebles, fundamentalmente en Managua, se dedicaba al arriendo.
Por lo general, estos grandes dueños adquirían estas
propiedades en juicios hipotecarios a deudores que les solicitaron
dinero para incursionar en las actividades de modernización
de la agricultura, del comercio y de la industria.
De
estos casatenientes tradicionales se pasa en aquellos años
a la conformación de compañías urbanizadoras
que edifican en los sectores donde viven las familias de ingresos
altos y medios. El negocio inmobiliario en barrios donde habita
la población de escasos recursos, y a donde llega la migración
campesina, se caracteriza por la "venta" sin título
a los pobladores, que al no poder pagar las cuotas, son desalojados
para que ocupe la vivienda otro comprador y después, otro.
Se va formando así una cadena de "propietarios"
sin título, imposibilitados de inscribir sus propiedades
en los Registros Públicos de la Propiedad. Por ejemplo, el
"dueño" de un lote en Ciudad Sandino, que pagó
por él una determinada cantidad durante cinco o más
años y logró construir una casita, si faltaba a un
solo pago, podía ser desalojado y perder, no sólo
el lote sino también lo construido, que se vendía
de nuevo, y en la mismas condiciones, a otro comprador. Estos mecanismos
generaban grandes ingresos a los casatenientes, y les permitían
conservar siempre la pro piedad.
Somocismo: dos grupos de propietarios
El terremoto de Managua, en diciembre de 1972, generó una
expansión del negocio inmobiliario. Los Somoza adquirieron
grandes extensiones de tierras donde se ubicaría la nueva
Managua, y las grandes empresas constructoras desarrollaron urbanizaciones
periféricas. Miles de pobladores, sin posibilidad de acceder
a créditos para la construcción de viviendas, fueron
desplazados a barrios marginales sin urbanizar y levantaron sus
nuevas casas en terrenos sin tener el título de dominio.
Los
resultados del llamado boom algodonero fortalecieron a la banca
privada. El dinero de los grandes hacen dados y casatenientes pasó
de cajas de hierro y cofres particulares a los bancos, que captaron
ahorros que les permitieron, no sólo crecer financieramente,
sino insertar a sus accionistas en la industria y en el comercio.
Entre
los propietarios surgen dos bloques de poder: el del capital tradicional,
girando alrededor de la familia Pellas, y el del nuevo capital de
técnicos vinculados a los Somozas o protegidos particularmente
por ellos para ganarle espacios a los propietarios tradicionales.
El Banco de América y el Banco Nicaragüense fueron los
símbolos emblemáticos de la nueva organización
de la propiedad en el país.
La
consolidación del poder somocista, con base en el poder militar
y en el apoyo incondicional del gobierno de Estados Unidos, le permite
a la familia Somoza pasar, de ser simples usurpadores de bienes
ajenos a ser grandes propietarios, a incursionar en la modernización
que están experimentando las formas propietarias del sector
privado. Así, paralela a la iniciativa privada, se desarrolla
un complejo de formas de propiedad de la familia Somoza, que abarca
desde grandes plantaciones de arroz y haciendas ganaderas hasta
industrias: cementeras, procesadoras de madera, leche y carne, textileras,
etc. Utilizando los fondos accesibles de la banca estatal, los Somozas
establecen mecanismos financieros adecuados para financiar su propio
desarrollo inversionista. Esto les permite crear empresas de envergadura
superior a las capacidades del capital tradicional, como compañías
navieras y de transporte aéreo.
A la
par de este proceso, militares y funcionarios del régimen
somocista se convierten en propietarios, frecuentemente de fincas
deficientemente explotadas. Por lo general, las dan en arriendo
a colonos, que les entregan parte de la producción. Otra
modalidad que usaron para transformarse en propietarios fue la compra
de viviendas en barrios y de cuarterías de alquiler que no
requerían de inversión en obras de urbanización
y servicios.
En vísperas del cambio revolucionario
Ya para 1979, la situación de la propiedad había variado
notablemente. Los brotes insurreccionales iniciados por el FSLN,
y especialmente el fortalecimiento del accionar guerrillero a partir
de diciembre de 1974 cuando Somoza tuvo que ceder a las exigencias
planteadas por los sandinistas en la toma de la casa de Chema Castillo
, revelaron a la población nicaragüense las debilidades
del régimen. A la par, algunos sectores católicos
comenzaron a reclamar una más justa distribución de
la riqueza y a difundir una concepción cristiana en el uso
de los bienes, esa "hipoteca social" que pesa sobre toda
propiedad, basándose en el evangelio y en los documentos
del Concilio Vaticano II y de la reunión de los obispos latinoamericanos
en Medellín.
En
estos últimos años del somocismo, el capital de los
Somozas, el de sus militares y funcionarios, y también el
temeroso capital de los sectores conservadores del sector privado,
paraliza prácticamente todas sus inversiones en el país.
Se inicia el éxodo del capital nicaragüense hacia bancos
extranjeros.
Un
sector del capital privado, fundamentalmente el de propietarios
jóvenes que veían limitadas por los Somozas sus metas
de expansión y que ven paralizado el proceso de inserción
de Nicaragua en el Mercado Común Centroamericano decidieron
apostar al cambio, y ante la imposibilidad de enfrentar directamente
a Somoza, apuestan a apoyar a quienes sí lo enfrentan y luchan
contra el somocismo, incluso con métodos violentos. Altos
ejecutivos de grandes propietarios, como los del grupo Pellas, dieron
apoyo logístico, incluso de manera directa, a la lucha armada
que dirigía el FSLN. No pocos jóvenes, hijos de grandes
propietarios, participaron directamente en las acciones armadas
sandinistas, después de haber militado activamente en grupos
cristianos.
Este
sector de propietarios, afectados en sus propios intereses por la
voracidad económica del régimen somocistas, aún
sabiendo unos, y sospechando otros, que el movimiento guerrillero
estaba inspirado en la filosofía marxista, apoyaron los esfuerzos
para el derrocamiento del régimen, confiando que en Nicaragua
el proceso de redistribución de la propiedad no se daría
con medidas bruscas de socialización. Confiando, por supuesto,
en que los afectados por las medidas revolucionarias, una vez derrotado
Somoza, serían únicamente los Somozas y los cómplices
de sus crímenes y robos. Las autoridades de la Iglesia Católica
así lo pensaron. Antes del 19 de julio de 1979, el hoy Cardenal
Miguel Obando había aceptado ser el enlace para la entrega
del poder a la nueva Junta de Gobierno, ya aceptada por los Estados
Unidos y que gozaba además del respaldo de presidentes demócratas
como Carlos Andrés Pérez y Rodrigo Carazo.
FSLN: la finalidad original
En este contexto, resultaba natural que se pensara que a los guerrilleros
les tocaba el combatir militarmente a Somoza, pero que una vez tomado
el poder, las responsabilidades del gobierno para la reconstrucción
del país recaerían en quienes tenían la experiencia
política y la capacidad administrativa para hacerlo.
El
mismo FSLN así lo entendió y por eso, la unión
del sector de los intelectuales puristas (proletarios) y del sector
que luchaba con la concepción tradicional del foquismo (GPP)
con el sector dirigido por Humberto y Daniel Ortega, que habían
apostado por la vinculación con sectores de la burguesía
propietaria a fin, no sólo de hacer viable el triunfo, sino
de legitimar internacionalmente la revolución.
Si
se analiza el programa de gobierno de la Junta de Reconstrución
Nacional y la estructuración del marco jurídico básico
el Estatuto Fundamental y el Estatuto de Derechos y Garantías
nada apuntaba a un proceso inmediato de socialización de
la propiedad. En lo relativo a la propiedad, la finalidad original
apuntaba a recuperar lo acumulado por la familia Somoza y sus militares
con robo y extorsión. Por eso, el tan conocido decreto 3
de confiscación de bienes no incluye a "los allegados
al somocismo". Y será hasta después de 34 decretos
sobre otros asuntos, que la confiscación se extenderá
a estos allegados con la promulgación del decreto número
38 el 8 de agosto de 1979. Es decir, que antes del 38, para establecer
la base inicial de la propiedad estatal, el FSLN pensó contar
sólo con los bienes recuperados a la familia Somoza y a los
militares comprometidos en crímenes.
Se acelera la revolución
El desmoronamiento total de la Guardia Nacional produjo un cambio
en la estrategia diseñada por el FSLN, ya unido en una Dirección
Conjunta, que en la realidad lidereaba el tercerismo, creación
de Humberto y Daniel Ortega. Se toma entonces la decisión
de acelerar el proceso, ya que siempre se tuvo como meta final el
crear una sociedad socialista. La desaparición total de la
Guardia, deja en las labores de gobierno compartiendo el poder con
los sandinistas, sólo a los sectores políticos que
integraron el FAO y a los representantes del sector privado, aglutinados
principalmente alrededor del MDN jefeado por Alfonso Robelo, miembro
de la Junta de Gobierno.
Con
la seguridad del control militar, el FSLN decide ampliar el control
político y modificar la estructura original del Consejo de
Estado, para garantizarse también el control legislativo.
La confianza de tener en las manos ambos controles permitió
acelerar el proceso de formación de la propiedad estatal
por medio de un conjunto de medidas.
Ley
de Reforma Agraria. No estuvo sólo destinada ya a distribuir
las tierras recuperadas al somocismo, sino también a integrar
a este proyecto otras tierras que estuviesen ineficientemente explotadas.
Nunca se pensó en crear pequeños propietarios individuales
eso frenaría el avance hacia la propiedad socialista sino
en establecer grandes cooperativas. No haber entregado títulos
individuales obedeció a una decisión consciente. Y
por eso, la actividad jurídica se orientó a crear
cooperativas y tribunales agrarios que, de manera más ágil
que los comunes, pudieran resolver los conflictos sobre las tierras.
Todas estas medidas y decisiones significaron un acelerado proceso
de traspaso de propiedades agrarias en manos de particulares a manos
del Estado, en la llamada Area Propiedad del Pueblo, con la consecuencia
de no poder atender eficientemente tantas tierras y tener que destinar
dinero del Estado a subsidiar su producción.
Regulación
de la propiedad urbana. Esta se hizo al comienzo por medio de la
Ley de repartos ilegales (decreto 97 del 22 de septiembre de 1979);
por la Ley de expropiación de tierras urbanas baldías
(decreto 895 de diciembre de 1981); por la Ley de expropiación
de predios baldíos en el casco urbano del centro de Managua
(decreto 903 del 4 de diciembre de 1981), que pasó a manos
del Estado el control de las antiguas cuarterías y repartos
ilegales. La tenencia y posesión de la propiedad urbana la
reguló a partir de entonces el Ministerio de la Vivienda
y Asentamientos Humanos.
Propietarios individuales: no era la meta
Ni con la Reforma Agraria ni tampoco con estas medidas urbanas se
pretendió crear propietarios individuales de las viviendas,
sino asignar éstas a quienes las necesitaran por estarlas
ya habitando, o ubicar en ellas a combatientes desplazados de sus
lugares y que no las tenían. Con relación a las grandes
propiedades urbanas, abandonadas por militares y funcionarios del
somocismo, se legisló destinándolas a uso social:
centros de desarrollo infantil, escuelas, museos, etc. Pero nunca
se decidió adjudicarlas individualmente y mucho menos extender
títulos a particulares.
Al
comienzo de los cambios revolucionarios, la falta de viviendas para
dirigentes, militares y funcionarios del nuevo gobierno hizo que
el uso de este tipo de viviendas se asignara a diferentes instituciones,
perteneciendo su dominio al Estado y no a quien las habitara. Esto
explica la generalizada falta de titulación a sujetos individuales,
tanto en el campo como en la ciudad. Si la finalidad era llegar
algún día a crear la sociedad socialista, no se iban
a poner trabas al desarrollo de ese proceso creando propietarios
individuales. Más bien, había que ir sentando las
bases para alcanzar ese ideal.
La guerra trastorna más propiedades
Medidas en contra de la descapitalización de empresas y abandono
de propiedades. La aceleración del proceso revolucionario,
más allá de lo esperado, produjo temor en propietarios
de empresas, fincas y casas. Todos dejaron de invertir, y los empresarios
trasladaron fuera del país todos los activos que pudieron.
Los dueños de viviendas urbanas, como no encontraban compradores,
preferían abandonarlas, dejándolas solas o al cuidado
de amigos o empleados.
La
necesidad de evitar la paralización de las empresas productoras
de bienes necesarios, decidió su regulación jurídica,
con medidas ágiles que les permitieran seguir trabajando.
Una empresa no puede actuar como tal en sus relaciones locales e
internacionales si no es una persona jurídica debidamente
constituida.
La
COIP, Corporación Industrial del Pueblo, se encargó
de mantener viva la industria nacional. Aunque el proceso de organización
jurídica de una empresa es bastante más complicado
que la titulación de una vivienda, en la mayoría de
los casos, este proceso se llevó a cabo aceledaramente a
través de transacciones accionarias, creación y fusión
de sociedades.
Medidas
en respuesta a actividades contrarrevolucionarias. La actividad
militar contrarrevolucionaria se dio en el campo y se limitó
en las ciudades, especialmente en Managua, a una tímida oposición
a las medidas de la revolución, que gradualmente fue convirtiéndose
en protestas más abiertas, a medida que el apoyo de Estados
Unidos incrementaba la guerra.
La
imposibilidad de identificar el origen preciso de propiedades y
de propietarios agrarios y las particularidades propias de una guerra,
llevó durante años al ejército a tomarse tierras
para actividades militares, o para castigar actividades contrarrevolucionarias.
Obviamente, estas medidas afectaron la seguridad, no sólo
de los propietarios, sino de los trabajadores de estas tierras.
Así, las tierras destinadas a producir se convirtieron en
escenario de guerra y las medidas de apropiación de tierras
tuvieron que hacerse con métodos militares. En aquellos años,
la defensa de las tierras que se asignaban a los campesinos se hacía
no entregándoles un título de propiedad, sino un fusil.
Medidas
políticas de afectación de propietarios. A medida
que arreciaba la actividad contrarrevolucionaria y la política
de agresión de Estados Unidos, arreciaba también la
actividad opositora al gobierno sandinista por parte de grupos de
propietarios del sector privado que permanecieron en el país.
El Consejo Superior de la Empresa Privada, el COSEP, asumió
el liderazgo de la oposición con el apoyo de autoridades
de la Iglesia Católica y desafió abiertamente al gobierno
adhiriéndose a la política de Estados Unidos para
poner fin a la revolución. La reacción del FSLN fue
afectar directamente a este sector en sus bienes, confiscando sus
propiedades por decreto presidencial en varias conmemoraciones de
los aniversarios de la revolución o en otros momentos cruciales.
Los principales representantes del COSEP también fueron encarcelados.
Predominó la ética
Mientras duró la guerra de agresión, la mayoría
de los funcionarios gubernamentales y de los dirigentes sandinistas
ni eran propietarios ni habían acumulado capital. Si antes
de 1990 hubo excepciones a esta norma general gente que se enriquecía
abusando de sus funciones los casos fueron muy pocos. En esa época
no se podía concebir que algún dirigente inscribiera
a su nombre una propiedad que habitaba o una empresa que administraba.
Si algunos lo hicieron, fue amparados en la falta de control en
el manejo de los bienes estatales por la situación de guerra
y por el bloqueo, que en muchos casos obligaban a destinar grandes
sumas de dinero a la adquisición de bienes en el exterior
o a la acumulación de reservas, sin más garantía
que la moralidad de quienes eran encargados de hacer estas operaciones.
Es
importante considerar que hasta poco antes del desplome del bloque
socialista europeo, Nicaragua contó con la solidaridad económica
de esos países, en especial de la ex URSS y la ex RDA. Esa
solidaridad se tradujo también en la donación de considerables
cantidades de dinero en divisas.
¿Se violó el estado de derecho?
El cuestionamiento que se hace al gobierno sandinista, sobre todo
a partir del 90, de haber procedido atropellando el Derecho para
aplicar medidas que afectaron la propiedad, se extiende, por lo
general, a todas las actuaciones de los sandinistas, tanto las que
realizaron para alcanzar el poder como las que decidieron para defender
la revolución. Se le cuestiona la creación de tribunales
especiales, el establecimiento de normas sobre orden y seguridad
pública, de control de las divisas, la regulación
del mercado interno y de exportación, etc., etc.
Pero
el FSLN nunca pensó tomar el poder ni ejercerlo utilizando
los instrumentos legales vigentes en la época somocista.
Esto hubiese significado renunciar, antes de llegar al poder, a
la lucha armada, apuntándose a un cambio por la vía
electoral. Este no fue el caso. El FSLN optó abiertamente
por la ruptura violenta y por el desmantelamiento del aparato dictatorial
con medidas revolucionarias y no con los recursos legales tradicionales.
Los
principales cambios posteriores a 1979, en especial los relativos
a la propiedad, se dictaron por decreto en vez de recurrir a la
legislación ordinaria. La misma recuperación de los
bienes acumulados por la familia Somoza hubiera sido imposible de
realizar por medio de los tribunales de justicia ordinarios. La
estructuración del capital de los Somozas en sociedades anónimas,
el empleo por ellos de la figura de testaferros y la lentitud y
conservadurismo del sistema procesal hacían imposible utilizar
los tribunales y las leyes ordinarias para expropiar lo robado.
Esta situación hizo imposible el aplicar tal cual las medidas
contenidas en el programa de gobierno, que fueron respaldadas originalmente
por la mayoría de los nicaragüenses, incluido el sector
privado no somocista.
Por
todo esto, hoy constatamos que los herederos de los Somozas reclaman
propiedades argumentando que éstas fueron adquiridas legítimamente
y que su titularidad está desvinculada de los Somozas gobernantes
y se deriva de sociedades anónimas o de transacciones ajustadas
a las leyes de entonces.
1990: un inesperado cambio de mundo
A pesar del deterioro interno del gobierno sandinista, de la disminución
del apoyo económico de los países socialistas y del
fortalecimiento del apoyo estadounidense a la contrarrevolución,
la derrota electoral del FSLN en 1990 frente a la coalición
UNO encabezada por Violeta de Chamorro fue una sorpresa para todos.
Ella, los políticos, el sector privado y el mismo gobierno
de Estados Unidos se encontraron de pronto ante una posibilidad
que no tenían programada para actuar de inmediato: un nuevo
gobierno.
El
FSLN jamás consideró la posibilidad de perder el poder
en las elecciones. En todo caso, el FSLN vio en aquellas elecciones,
con aquellas condiciones, una necesidad. Tenía que transigir
con las exigencias de democratizacion. Por eso, se preparó
para "el día después" de otra forma: tras
ganar en los comicios, tendría que aceptar una convivencia
razonable, a lo interno, con los sectores políticos y económicos
presentes en el país y a lo externo, aceptaría la
imposibilidad de llevar adelante una revolución socialista,
mientras los Estados Unidos toleraría un gobierno sandinista
moderado.
La
derrota electoral encontró al FSLN sin alternativas para
la conservación de las propiedades que antes habían
sido de los somocistas o del sector privado y que ahora estaban
en poder y en uso del gobierno sandinista y de sandinistas particulares,
muchas de ellas sobre todo las últimas que se expropiaron
y entregaron sin títulos de propiedad debidamente legalizados.
Lo
más probable es que la dirigencia del FSLN se haya planteado
tres opciones con relación a la propiedad:
1.
Entregar no sólo las estructuras de gobierno sino también
las propiedades que no estaban legalizadas debidamente.
2.
Organizar y legalizar un capital del FSLN.
3.
Beneficiar a lo inmediato a las estructuras partidarias y a los
funcionarios de gobierno y militantes, traspasando las propiedades
disponibles mediante leyes de urgencia. Y garantizar la continuidad
en la posesión de los beneficiarios de la reforma agraria
y urbana que no tenían título de dominio.
Se decidió echar a andar la tercera opción.
Transición: se perdió el control
Los tres meses comprendidos entre febrero y abril de 1990 eran insuficientes
para garantizar un proceso completo de adjudicación y legalización
de propiedades en poder del Estado, bajo cualquier forma de dominio
o posesión, a particulares que el gobierno consideró
no podían correr el riesgo de ser despojados de lo que ya
usufructuaban como poseedores. En lo que el FSLN decidió
en aquellos momentos influyó también la consideración
de que en las nuevas reglas del juego, el poder económico
tendría un papel predominante para conservar poder político
desde la oposición.
La
inesperada derrota y el descontrol inicial que generó, propició
la desorganización y el abuso que se dieron en el marco de
esta política de conservación de bienes. Casi de inmediato,
a lo interno del FSLN se tomó conciencia de que en la nueva
situación no todos estaban en la misma situación de
desamparo en lo que respecta a las propiedades y medios de subsistencia.
Lo que al inicio fue acumulado para solventar necesidades impuestas
por el bloqueo y la guerra, resultó de pronto ser, en gran
medida, capital, en bienes y propiedades, de algunos dirigentes
políticos y funcionarios del gobierno.
En
el apresurado proceso de distribución de bienes se perdió
el control. Esto se prestó a abusos que dieron origen a nuevos
propietarios capitalistas, a la vez que la gran masa de los usuarios
de propiedades quedaban desprotegidos, al no tener acceso a las
medidas de urgencia con las que se adjudicaban y legalizaban propiedades
de forma individual.
Con
las grandes empresas industriales y comerciales, que ya tenían
una estructura jurídica propia, no hubo mayores problemas.
Se organizó el traspaso de acciones a las sociedades existentes
y se crearon nuevas sociedades, que adquirieron algunas empresas
estatales. Donde no existía la estructura jurídica
de una sociedad, se recurrió al traspaso a terceros, en calidad
de testaferros de buena fe, en el entendido de que, al reorganizarse
las finanzas del partido FSLN, esos bienes serían objeto
de nuevos destinos. La realidad demostró que las medidas
de urgencia para la conservación de un capital para la sobrevivencia
política del FSLN, lo que produjeron fue un nuevo grupo de
propietarios y de capitalistas particulares, incluso en algunos
sectores de trabajadores del campo y la ciudad.
Gobierno Chamorro: las concertaciones
La debilidad del gobierno de la señora Chamorro facilitó
un acuerdo de transición en lo referente a la tenencia de
propiedades. Las concertaciones para garantizar la propiedad de
los trabajadores tuvieron como efecto el traspaso de la propiedad
y el control de empresas agropecuarias, industriales y comerciales
a grupos corporativos en formación bajo las figuras del arriendo
con opción de compra o la cesión y venta de acciones
y posteriormente, la privatización de las empresas ya constituidas.
Complejos
agropecuarios y azucareros, industrias textileras y otras, pasaron
a ser, totalmente como fue el caso de algunos ingenios azucareros
y fincas ganaderas propiedad de nuevas organizaciones de trabajadores.
En otras empresas como la industria farmacéutica Solka y
en el sector bananero, los trabajadores pasaron a compartir la propiedad
con los antiguos dueños y el Estado.
La
realidad actual demuestra que estos grupos de propiedades se encuentran
dominados por nuevos grandes propietarios que, en una u otra forma,
han logrado que la participación de los trabajadores se limite,
en la mayoría de los casos, a ceder sus acciones o a tratar
de conservar el puesto de trabajo, con la excepción de un
pequeño grupo de dirigentes que se convirtieron en propietarios
individuales.
Con
las leyes 85 y 86 se trató de dar protección a la
propiedad de viviendas y de lotes de terrenos ocupados por personas
individuales y organizaciones sociales, estableciendo los mecanismos
de titulación de estas propiedades. En las propiedades de
particulares con extensión mayor a los 100 metros cuadrados,
para considerarlas de interés social, las leyes 85 y 86 establecieron
mecanismos de pago y algunas restricciones para la titulación.
Los pequeños, los más desamparados
La creación, durante el gobierno Chamorro, del complicadísimo
mecanismo de la OOT, la Oficina de Ordenamiento Territorial, generó
una natural dificultad a los usuarios de inmuebles pequeños
en el proceso para su legalización. No sucedió así
con las propiedades mayores, ya que estos usuarios contaban con
recursos, no sólo para realizar los trámites, sino
incluso para pagar en efectivo o en bonos el precio fijado por las
leyes para su adquisición definitiva.
Lo
mismo que sucedió con las leyes 85 y 86, sucedió con
la ley 88, Ley de protección a la propiedad agraria. Para
el pequeño poseedor de una parcela ha sido muy difícil
la titulación e inscripción. Y en el caso de lograrlas,
muchos cedieron su derecho a nuevos propietarios que, sin ser trabajadores
rurales, han logrado legalizar su dominio en propiedades tanto del
campo como de la ciudad.
En
todo este dilatado proceso de legalización de la propiedad
individual que estuvo antes en poder del Estado, los pequeños
propietarios han estado indefensos jurídicamente, y quienes
han logrado evitar el desalojo por mandato judicial o el desalojo
de hecho, o el que se logra a través de mecanismos de compra,
sólo lo han podido impedir con la autodefensa organizada
en cooperativas rurales pequeñas, o con el apoyo de los vecinos
y otros pobladores en barrios urbanos.
No
hay necesidad de recurrir a estadísticas para constatar que
los desalojos o la absorción de propiedades pequeñas
por grandes propietarios sólo los han padecido los poseedores
de escasos recursos. Basta con escuchar noticias y ver las fotos
de los diarios.
Ley 209: ¿punto final?
Al no lograr resolver el conflicto sobre la propiedad en sus primeros
cinco años, el gobierno de la señora Chamorro estableció
un acuerdo para tratar de dar estabilidad a la nueva situación
de la propiedad. Así, surgió la ley 209, Ley de estabilidad
de la propiedad. Al amparo de esta ley se incrementaron las devoluciones
de propiedades, fundamentalmente en el campo, y también las
indemnizaciones de aquellas propiedades que no pueden ser objeto
de devolución.
Los
pequeños propietarios han sido nuevamente los verdaderamente
afectados por estas disposiciones, ya que los nuevos dueños
de inmuebles urbanos o de fincas rurales tuvieron tiempo y recursos
para legalizar su situación, o por lo menos, para hacer,
si no imposible, sí muy difícil, el ser vencidos en
juicios de reclamación. Muchas de estas grandes propiedades
de nuevos propietarios ya se encuentran registradas a nombre de
terceros registrales de buena fe.
En
cuanto a las empresas del área comercial que quedaron en
manos de nuevos dueños no trabajadores, después del
fracaso inicial por la falta de capacidad administrativa, su capital
se reorientó a otro tipo de actividades, en las que también
participan como socios empresarios del sector privado tradicional
con mayor experiencia de gestión.
Las
pocas empresas que quedaron directamente en manos de sus trabajadores
como es el caso de algunos supermercados o cooperativas de transporte
terminaron controladas por pequeños grupos de nuevos propietarios,
y los trabajadores de base, dueños de acciones o socios,
en no pocos casos ni siquiera han podido conservar su puesto de
trabajo.
Alemán: otra vuelta de tuerca
En 1996, al resultar vencedor en las elecciones el partido liberal
de Arnoldo Alemán, el FSLN se encuentra en una situación
de debilidad aún mayor que la que tenía en 1990. El
Ejército y la Policía han avanzado en su profesionalización
y el FSLN sólo cuenta con sus propias fuerzas, ya disminuidas
como producto de la división interna y del deterioro de su
autoridad moral entre la población, entre otras razones por
el enriquecimiento abierto de algunos de sus dirigentes.
Los
nuevos grandes propietarios del FSLN están ahora acompañados
en sus negocios por funcionarios y allegados del gobierno Chamorro,
que aprovecharon sus posiciones en el gobierno para enriquecerse,
sobre todo a través de acciones de privatización,
compra de tierras a cooperativas y negociaciones hechas desde el
aparato de gobierno. Ambos grupos tienen que enfrentar ahora a un
nuevo sector reclamante de propiedades.
Las
promesas hechas durante la campaña electoral por Arnoldo
Alemán alentaron a antiguos propietarios vinculados con el
regimen somocista. Ahora, ex guardias nacionales, ex funcionarios
de los Somozas y algunos más reclaman la devolución
masiva de sus bienes. En algunos casos, lo hacen, ya instalado el
nuevo gobierno liberal, desde posiciones de poder en cargos en la
administración, desde ministros hasta funcionarios menores.
Ante esta avalancha de nuevos reclamos, los nuevos grandes propietarios
no están afectados: de una u otra forma ya habían
legalizado la situación de sus bienes.
Entra en acción el Poder Judicial
El gobierno Alemán ha empezado a compensar a los reclamantes
con indemnizaciones generosas o con la devolución de propiedades
y empresas en manos de los propietarios más débiles
cooperativas, empresas del Estado con participación de los
trabajadores . O simplemente, está pagándoles salarios
y regalías que les permitan recuperar su antiguo estatus
de propietarios comprando propiedades a quienes tienen debilidad
en su titulación y a quienes necesitan dinero por carecer
de empleo o de crédito.
Hasta
ahora, las formas de resolver los reclamos han sido esencialmente
administrativas o de hecho. El aparato judicial ha estado ausente
y sigue siendo inadecuado por su lentitud y deficiencia normativa
para garantizar una solución pronta y definitiva de los conflictos
de propiedad que se lleven a su conocimiento. Por lo general, los
propietarios pequeños son despojados sin que tengan la oportunidad
de ventilar el fondo de su derecho a la propiedad o a la posesión,
utilizando figuras jurídicas que, de una manera o de otra,
instalan al reclamante en la posición de poseedor.
1997: la disputa es entre dos grupos
En la actualidad, el problema de la propiedad radica en la disputa
entre dos grupos de poder. Por un lado están los grandes
propietarios del FSLN, que ya han logrado estabilizar la situación
jurídica de la mayoría de sus bienes y que, aunque
propietarios individuales, han logrado constituirse en un bloque
de poder económico, que todavía cuenta con el respaldo
de gran parte de pequeños propietarios, que siguen viendo
en el FSLN la única alternativa para defender sus intereses.
El otro grupo está formado por dos sectores: antiguos propietarios
vinculados al somocismo y allegados al gobierno del Presidente Alemán.
Ambos sectores, unidos en el poder político, tratan de formar
un nuevo grupo de poder económico que pueda, por un lado
resistir al FSLN y por el otro, desplazar al sector privado tradicional,
siempre más pasivo en la defensa de sus intereses.
Los
intereses económicos de los grupos en conflicto les exigen
a ambos una definición de la situación de la propiedad.
La inseguridad y la confrontación afecta sus metas de crecimiento
económico. Sin definición de áreas de propiedad
seguras para cada grupo, no puede ninguno de ellos alcanzar estabilidad
en los negocios que generan sus propiedades. Para el FSLN, son sectores
claves a conservar los de la producción de azúcar,
comercialización del banano y el transporte. Les producen
considerables ingresos a sus nuevos dueños y además,
les permiten capitalizar el apoyo de los trabajadores de base que
nominalmente se consideran también dueños de estas
empresas.
Arreglo económico = arreglo político
Aunque es cierto que el problema de la propiedad afecta toda la
economía del país y de una u otra forma afecta a todo
el pueblo, la realidad es que el gran problema se da únicamente
entre estos dos grupos de propietarios en defensa de sus propios
intereses. Y aunque estos dos grupos logren alcanzar un acuerdo,
el problema de la propiedad subsistirá. ¿Por qué?
Porque la propiedad y el crédito se están concentrando
aceleradamente en menos manos, y por consiguiente, los pequeños
propietarios de viviendas en las ciudades, y los propietarios de
cooperativas o campesinos individuales en el campo, irán
vendiendo sus propiedades a los nuevos propietarios para incursionar
con el producto de esta venta en actividades de comercio informal.
Esto
explica por qué, a pesar de que se estaba desarrollando un
Diálogo Nacional para identificar los problemas que aquejan
al país y proponer soluciones de conjunto el problema de
la propiedad se discutió al margen y bilateralmente. Una
discusión pública del problema de la propiedad lo
más que puede lograr es dar legitimidad a un arreglo de cúpulas,
con el que los dos grupos de nuevos propietarios buscan estabilizar
sus propios intereses económicos. Este arreglo entre los
dos grupos económicos significará también,
lógicamente, un arreglo político.
Algunos perjudicados por la nueva ley
Tanto la ley 209, de diciembre de 1995, como el proyecto de ley
surgido a inicios de septiembre titulado Ley sobre propiedad reformada
urbana y agraria han sido llamadas leyes "de punto final".
No hay tal punto final. Como la Ley 209, la nueva ley acordada entre
el FSLN y los liberales sólo pondrá puntos suspensivos,
ya que el problema seguirá y se agudizará. Señalando
algunos aspectos de la nueva ley puede comprenderse mejor este incierto
futuro.
Están
desprotegidos los títulos de reforma agraria en áreas
urbanas de Managua y de otras ciudades. El artículo 45 estipula
que no tendrán validez los títulos de reforma agraria
otorgados dentro del límite urbano de la ciudad de Managua
establecido en el Reglamento de Zonificación del año
1982. Estos títulos serán anulados y cancelada su
inscripción registral. Se dispone que en estos casos el INRA
reasigne a los ocupantes otras tierras para que continúen
su actividad productiva.
En
el caso de Managua, los muchos perjudicados serán aquellos
pequeños agricultores que conservan pequeñas parcelas
de tierra, dedicadas al cultivo de granos, plátanos y frutales.
Todos esos terrenos, sobre todo los ubicados a ambos lados de la
carretera a Masaya y de las carreteras Sur y Norte, han adquirido
un gran valor. Pero el que los ha poseído y trabajado durante
años no se beneficiará de la plusvalía y será
trasladado a lugares remotos, sin condiciones adecuadas ni para
la producción ni para la comercialización. Es una
medida similar a la que en tiempos de Somoza desplazó a miles
de campesinos a la zona de Nueva Guinea.
"Nueva" Managua despejada de pobres
El artículo 93 de la nueva ley dispone que los habitantes
de asentamientos humanos que se han consolidado hasta 1994, aunque
tengan la posesión del inmueble, quedan sujetos a las decisiones
de la autoridades competentes en materia de urbanismo para ser reubicados,
cuando las áreas que ocupen se vean afectadas por las normas
de desarrollo urbanístico de la ciudad. Y para dejar más
clara la finalidad de esta disposición, el artículo
96 expresa: "en todo caso se procurará no obstaculizar,
entorpecer o frenar el desarrollo de las ciudades". Managua
está plagada de pequeños lotes que obstaculizan ese
"desarrollo". No ofrece la ley alternativas concretas
más que la reubicación arbitraria, abandonando a su
suerte, después de desalojarlos, a los pobladores de los
asentamientos.
Esto
significa que, administrativamente, los pobladores de zonas y de
barrios en los que se estén desarrollando inversiones inmobiliarias
en hoteles, comercios o viviendas, serán desalojados. Sus
pocas pertenencias serán trasladadas en camiones a zonas
sin condiciones elementales de agua, luz, transporte, etc, y por
supuesto, no recibirán ninguna compensación por el
trueque forzado de su pequeño lote en una zona de valor,
por otras tierras no sólo lejanas sino de un valor exageradamente
menor.
En
la ley está claro que las zonas privilegiadas de Managua
serán despejadas de pobres. En ninguna parte de la ley se
dispone que el poseedor pobre se beneficiará de la diferencia
de precio entre el valor del terreno del cual es desalojado y el
de aquel al que se le lleva. ¿Quiénes se beneficiarán
del alto precio que alcanzarán los lotes en asentamientos
que estén cerca de futuros centros comerciales, de hoteles
o de urbanizaciones de lujo, donde a los satisfechos les molesta
convivir con marginales y desempleados?
"Terceros adquirentes de buena fe"
El último inciso del artículo 45 del proyecto establece
que "asimismo quedan a salvo los terceros adquirentes de buena
fe". Esta disposición viene a tranquilizar a los especuladores
inmobiliarios, sobre todo en las zonas privilegiadas de Managua
que, adelantándose a esta disposición, se han apropiado,
comprándolas a precios irrisorios, de pequeñas propiedades
de trabajadores de la tierra.
Zonas
como Altos de Santo Domingo, las proximidades de Las Colinas, la
carretera hacia el Colegio Centroamérica y la carretera a
Masaya ya están en poder de "terceros adquirentes de
buena fe". Los afectados no serán ninguno de los grandes,
serán sólo aquellos que se apegaron a su cultivo de
plátanos o a su diminuta milpa.
La
garantía que otorga la ley a esos terceros adquirentes y
la formalización jurídica del dominio de los grandes
propietarios impactará disparando los precios de los inmuebles
en Managua. Los desalojados no tendrán capacidad de compra
para ubicarse en lotes que les permitan seguir vinculados de una
u otra forma a la ciudad. Con un poco más de juicio y con
el deseo de proteger realmente a los más débiles que,
evidentemente, serán des pojados se pudo establecer una cláusula
de lesión enorme, establecida en otras legislaciones, que
permitiera a quienes fueron o serán víctimas de esos
terceros adquirentes de buena fe, el reclamar la lesión que
les causó el estado de necesidad que les obligó a
vender su lote por un precio desproporcionadamente inferior al real.
El marco jurídico nicaragüense, que santifica el principio
de la autonomía de la voluntad en los contratos, lo impide
y deja esas operaciones a las leyes del libre mercado.
Las
novedades procesales del proyecto tienden a acelerar los trámites
judiciales de reclamos de propiedad y el establecimiento de la gestión
de mediación. Lo mismo busca la creación de tribunales
arbitrales especiales para resolver los conflictos que se puedan
presentar sobre el dominio.
Todos
sabemos que el acceso a la justicia, a pesar de la garantía
constitucional, no es igual para todos los nicaragüenses. Difícil,
si no imposible, será para un pequeño poseedor desalojado
el asumir los costos de una complicada tramitación para defender
sus derechos. Los contendientes que realmente participarán
en estos trámites serán sólo aquellos antiguos
grandes propietarios que reclamen propiedades a los nuevos propietarios
también grandes.
Algunos beneficiados especiales
En el artículo 19 de la nueva ley se aborda el problema de
algunas empresas privatizadas en los años 90. Se dispone
que a las empresas que tienen contratos de venta en documento privado
o de arriendo con opción de compra celebrados por la CORNAP
(Corporación Nacional del Sector Público) con antiguos
trabajadores estatales, licenciados del Ejército, del Ministerio
de Gobernación y/o desmovilizados de la Resistencia se les
otorgará la correspondiente escritura de compraventa. Se
amplían hasta el año 2002 los plazos de pago, y se
establece que los nuevos dueños pueden pagar hasta un 50%
de la empresa en bonos de indemnización, recibiéndoselos
a un 50% de su valor facial.
Para
el FSLN, esta disposición significa legitimar la propiedad
de las principales emrpresas, hoy controladas por empresarios sandinistas.
Para el gobierno, significa terminar, de una vez por todas, con
reclamos económicos de trabajadores, como los de la caña
y el banano, que en un momento pensaron ser partícipes en
la propiedad de esas empresas.
Una
disposición especial establece la nueva ley en el artículo
97. Las casas adquiridas al amparo de la ley 85 por la Policía
y el Ejército, tanto para uso institucional como para sus
miembros, activos o retirados, no se tocarán y el derecho
de propiedad así adquirido no estará sujeto a ningún
pago.
El
gobierno de Alemán hace estas dos excepciones con una clara
intención. Trata de garantizarse que los nuevos empresarios
sandinistas actúen "responsablemente" para proteger
sus bienes, ahora legitimados, mientras "enseña"
a los trabajadores que en una economía de mercado su función
está limitada a prestar su fuerza de trabajo a cambio de
un salario. Con los miembros de las fuerzas armadas, el gobierno
busca eliminar cualquier posibilidad de que estas fuerzas apoyen
reclamos populares para que sus actuaciones, sujetas al poder civil,
se ajusten estrictamente a garantizar el actual "estado de
derecho".
El problema continuará
El problema de la propiedad no se resolverá con la aprobación
de la ley concertada entre el FSLN y el gobierno liberal. Este acuerdo
fue diseñado para solventar las contradicciones entre dos
grandes nuevos grupos de poder económico: los nuevos propietarios
y empresarios surgidos después del 90 y el grupo que se está
gestando alrededor del Presidente Alemán, dispuesto a crear
su propio poder económico desde el gobierno. Esta es la razón
por la cual sectores tradicionales del capital como los Pellas,
los Mántica o un Manuel Ignacio Lacayo no participaron ni
de estos arreglos de cúpulas ni de las discusiones del Diálogo
Nacional.
Tendrá
que llegar el momento en que la consolidación de estos dos
nuevos grupos de propietarios los haga cada vez más afines
en sus intereses económicos, y también políticos.
Mientras tanto, los perjudicados, los desplazados de sus lotes urbanos,
los despojados por ley o por compras forzadas y sin posibilidades
de empleo, tomarán sus propias medidas para defender su sobrevivencia
frente a cualquier tipo de propietario sin distinguir sus colores
políticos. Las medidas de ajuste exigidas por los organismos
financieros internacionales acelerarán la violencia y los
estallidos sociales y complicarán aún más la
complicada situación nacional.
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